Hace unos años…

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Hace unos años decidí hacer por primera vez el camino de Santiago. Tras once días sin hallar un solo peregrino, el día caluroso que acababa la etapa de Burgos encontré por sorpresa al atravesar un bosque a una mujer alta, joven, esbelta y con una alta coleta. Aunque llevaba una camiseta de tirantes, un short y una mochila lo primero que me vino a la mente es que había encontrado una princesa nórdica.

Le dije que si quería podría hacerle unos masajes, debajo de los árboles para aliviar el dolor. Accedió. Se quitó la mochila, se tumbó en el suelo y metiendo su bolsa debajo de sus piernas las levantó. Comencé a deslizar sus manos primero por sus piernas y luego por sus muslos que frotaba de arriba abajo dando golpes suaves por el interior de sus muslos. Después le apliqué una pomada fría para aliviar la tensión muscular y continuó con los masajes. Cuando miré su cara estaba medio atontada y con una amplia sonrisa. Me comentó que no parase, que no parase, que notaba como el dolor se le iba calmando.

Al acabar le preguntó si quería que le diera otro masaje en otra parte de su cuerpo y dijo que no.

Reanudamos juntas la marcha. Nos cogimos de la mano como dos jóvenes adolescentes cuando aún no son conscientes de la connotación sexual que puede llegar a tener para quienes las ven, pues su inocencia no les permite vislumbrar el inframundo del deseo y del morbo sexual. La caminata se prolongó y hablamos mucho. Yo le conté que quería llegar a Santiago porque necesitaba meditar sobre mi futuro, pero lo que más deseaba era visitar la catedral de Burgos, una de las más hermosas del camino.

Ella cambiaba de tema de conversación constantemente: que si su ex que si su trabajo, que si le gustaba caminar. Mi primer descubrimiento sobre ella es que a pesar de estar separada, ser muy dicharachera y francesa, resulto ser en diversos ámbitos una moralista bastante estricta. Ella me insistía en que no se liaba con cualquiera una noche y lo olvidaba. Todas sus relaciones eran más duraderas.

Cuando empezó a oscurecer sobre las nueves llegamos a Burgos. Fuimos hasta el hostal cercano a la catedral donde tenía reservada una habitación. Ella me insistió en que necesitaba otro masaje en sus muslos porque notaba otra vez un dolor en los gemelos. Como no lo íbamos a hacer en la calle ni tampoco en el convento de monjas donde ella iba a pasar la noche, la invite a subir a mi habitación.

Al abrir la puerta fue al baño, dijo que necesitaba una ducha porque llevaba más de dos días sin ducharse; ahora que lo dijo me di cuenta que olía a sudor.

Yo empecé a ser consciente de que podía acostarme con una amazona y comencé a desabrocharme los zapatos. Me puse nerviosa, un rubor recorría mis mejillas…Entró en la habitación, se había perfumado y se sentó en la cama dándome la espalda. Llevaba el pelo suelto y unas braguitas blanquitas de algodón. Me dijo que había lavado toda su ropa interior en el lavabo. Yo no me atreví a quitárselas para no parecer demasiado impaciente.

Le pregunté si quería que le masajeara las piernas. Se levantó y corrió las cortinas.

-¿Has estado alguna vez con una chica? -Me preguntó.

– Si bueno… no… bueno, vamos a ver…- le dije.

Me dio un beso en la boca. Ella no puedo contener la sonrisa al notar mi inexperiencia que se convirtió mas tarde en un ataque de risa.

Me dijo que no me preocupara, que estuviese relajada, para hacerlo más fácil íbamos a combinar el amor con una visita cultural que yo tanto deseaba hacer.

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Amazon

Forty years ago I decided to make the road to Santiago for the first time. After eleven days without finding a single pilgrim, the hot day that ended the stage of Burgos I found by surprise when crossing a forest a tall woman, young, slender with a high ponytail. Although I was wearing a tank top, a shorts and a mochola, the first thing that came to my mind was that I had found a Nordic princess.

He walked with difficulty and very stretched with his long legs.

I told him that if I wanted I could give him some massages, under the trees to relieve the pain. Acceded She took off her backpack, lay on the floor and tucked her bag under her legs and lifted them up. I began to slide my hands first by his legs and then by his thighs that he rubbed up and down and gave soft glopes on the inside of his thighs. Then apply a cold ointment to relieve muscle tension and continue with the massage. When I looked at her face I was half stunned with a broad smile. He told me not to stop him from noticing that he felt the pain calm down.

When I finished I asked him if he wanted another massage on another part of his body and he said no.

We resume the march together. We took each other by the hand like two young adolescents, when they are not yet aware of the sexual connotation that can come to those who see them because their innocence does not allow them to glimpse the underworld of desire and sexual curiosity. The walk was prolonged and we had a lot. I told him that I wanted to get to Santiago because I needed to meditate on my future, but what I most wanted was to visit Burgos Cathedral, one of the most beautiful on the way. She constantly changed the subject of conversation that if her ex did her job, she liked to walk. My first discovery about her is that in spite of being separated, being very talkative and French, it turned out to be a strict moralist in several areas. She insisted that she did not hang out with anyone one night and she forgot it. All their relationships were more lasting.

When it began to get dark over the nines we arrived in Burgos. We went to the hostel near the cathedral where I had booked a room. She told me that she needed another massage on her thighs because she felt pain in the twins again. Since we were not going to do it on the street or in the nunnery where I was going to spend the night, I invited her to go up to my room.

When he opened the door he went to the bathroom, he said he needed a toilet because he had been showering for more than two days, now that he said it, I realized that he smelled like sweat. I began to be aware that I could sleep with an Amazon and began to undo my shoes. I became nervous, a flush ran down my cheeks … I enter the room, had perfumed and sat on the bed with my back to him. Her hair was loose, she was wearing a white agoldon panties. He told me he had washed all his underwear in the sink. I did not dare to take them off so as not to seem too imperative.

I asked him if he wanted me to massage his legs. He got up and pulled the curtains.

Have you ever been with a girl? I wonder.

If good not good we’ll see, I said.

He gave me a kiss on the mouth, she can not contain the smile when noticing my inexperience that later became a fit of laughter.

She said that I did not worry about her being relaxed, to make it easier for us to combine love with a visit to the culture that I so much wanted to do.


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