Mi profesor y yo

Me enamoré por primera vez a los 16 años. Algunas amigas ya habían tenido dos o tres novios “y como sigas así”, me decían, “te vas a tener que meter a monja”. Yo tenía ganas de saber qué había que hacer para enamorarse, como si eso fuera cuestión de método o de estrategia. O tal vez yo no era lo suficientemente atractiva. Eso pensaba…..Eso me dolía mas.

Todo empezó el primer día de clase de mis 16 años.

Estaba hablando con mis compañeras en mitad de la explicación cuando el profesor de música plantó sus ojos en mí. Me callé. Noté que me ponía roja y temblaba igual que si me hubieran pillado en una trampa o en un engaño. Disimulé ojeando el el bloc que tenia sobre la mesa hasta que siguió la clase.

A mí no me importaba nada lo que decía y menos tratándose de literatura medieval, sin embargo quedé hipnotizada para siempre con su sonrisa, cultura y educación. No era guapo ni tan joven, los 50 ya no los cumplía, pero marcaba el ritmo de cada verso como si estuviera leyendo una partitura a la vez que se movía por la tarima igual que un actor sobre el escenario.

Quedé tocada desde ese día. “Me gustan sus clases” Le dije. Y me contestó a modo de susurro “llámame de tu”.

Enroscó dedo índice en un mechón de mi melena y se largó. Sin mirarme, sin preguntarme mi nombre, sin darme las gracias…¡Estúpida! Grite en mi interior.

Nunca había estado tan confundida. No sabía si lo odiaba o lo admiraba. No sabía si se me había insinuado o me había tomado por imbécil. No sabía si saltarme las clases  o continuar descubriendo a ese hombre que ya me había penetrado con la mirada y que solo le faltaba hacerlo explícitamente: que el mismo dedo que se enredo en mi cabello, se enredara en mi boca; que dejara de desnudarme con la mirada y lo hiciera con las manos; que su voz templada se convirtiera en gritos de placer, que se rindiera a ese tú amistoso, y me hiciera su amante. Y volví. Detrás de mis  dudas había demasiada seguridad o demasiadas hormonas aburridas.

Indagué en su vida, hasta que supe por él mismo más de lo que quería saber- Era bastante mayor que yo, 51 años para ser exactos. Estaba casado y tenia una hija de mi edad.

Eso fue lo primero que me dijo, tal cual, el día que me hice la encontradiza por uno de los pasillos del instituto. “No me cero que este encuentro sea casual”, me dijo. Volvió a enredar sus dedos en mi melena, le cogí su mano, la acercó a mi boca, la besé, nos miramos durante un rato y le dije:

-No importa.- No me reconocía en lo que había dicho. Me quedé pensativa a punto de desdecirme cuando me dijo al oído:

-A mí tampoco. – Me contestó. “Pero no tiene que saberlo nadie, solo tú y yo. Solo nosotros”.

Era una aventura insólita para mí, una aventura que tendría que vivir de forma clandestina, pero eso era justamente lo que más me atraía. Y me lancé a ella totalmente ciega, sin calibrar el alcance de una pasión desenfrenada. Me sedujo y me deje seducir. Le dejé que me poseyera, me entregué a sus caprichos.

-“Puedes hacerme lo que quieras”, le repetía exhausta en cada orgasmo. Y eso le excitaba aún más. Y lo hizo. Siempre hizo lo que quiso, me trató mal. Me infravaloró. Me tuvo a su merced mucho tiempo. Así hasta que puse fin a un hechizo que se fue deshaciendo a medida que aparecía el monstruo escondido dentro del actor del que me enamoré.


I fell in love for the first time at 16 years old. My friends had already had two or three boyfriends “and if you continue like this”, they told me, “you are going to become a nun”. I wanted to know what had to be done to fall in love, as if that were a matter of method or strategy. Or maybe I was not attractive enough. I thought so … That hurted me more.

It all started on the first day of class of my 16 years.

I was talking to my partners in the middle of the explanation when the music teacher planted his eyes on me. I shuted up. I noticed that it made me red and trembled as if I had been caught in a trap or a hoax. I hid looking at the pad I had on the table until the class followed.

I did not care about what he said. However I falled in love with his smile, culture and education. He was not handsome or  young, but he marked the rhythm of each verse as if he were reading a score while moving along the stage like an actor on stage..

I had never been so confused. I did not know if I hated him or admired him. I did not know if he had insinuated me. I did not know whether to skip classes or continue discovering that man who had already penetrated me with his eyes and that he only needed to do it explicitly: that the same finger that was entangled in my hair, would get entangled in my mouth; to stop undressing me with my eyes and doing it with my hands; to let his warm voice become cries of pleasure and make me his lover. And I went back .Behind my doubts there was too much security or too many boring hormones.

I searched for information until I knew more about himself than I wanted to know. He was quite older than me, 51 years to be exact. He was married and had a daughter of my age. That was the first thing he said to me, just like that, the day I met him in one of the corridors of the institute.

“I do not think that this meeting is casual,” he told me.

He tangled his fingers again in my hair, I took his hand, he brought it to my mouth, I kissed it, we looked at each other for a while and said:

-It does not matter.- I did not recognize me in what I had said.

-Me neither. – He answered. “But nobody has to know, only you and I. Only us.”

It was an unusual adventure for me, an adventure that I would have to live clandestinely, but that was exactly what attracted me the most. And I launched at it totally blind. He seduced me and I let me be seduced. I let him to own me.

– “You can do with me whatever you want,” I repeated exhausted in each orgasm. And that excited him even more. And he did. He always did what he wanted, he treated me badly. He underestimated me. Until I put the end at the time the monster hidden inside the actor I had fallen in love with appeared.

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