Cuando estás a punto

Después de unos minutos de calentamiento, de besos, caricias y tocamientos, tu erección es inminiente. Quieres penetrarme pero esperas. Tu gentileza me permite moverme con celeridad, subirme encima de ti y hacerte olvidar sin avisar. Fogosamente pero sin gritar.

Me tapas la boca para que los vecinos de la habitación de al lado del hotel no me oiga.

Y finalmente te corres, te corres, gritas, me empujas, me penetras sin control. Estás arriba y ya no hay marcha atrás. Ahí no se puede parar. Tu impulso sexual explota. Lo sueltas todo. Me lo echas. Te ruborizas. Y terminas exhausto encima de mí….

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