Una cita, un juego

Tengo un cliente habitual que es un poco “peligrosillo“. No me entendáis mal, no es que me de miedo ir con él, ni se porta mal conmigo, ni nada de eso. Resulta tan encantador como cualquiera de vosotros y siempre se porta como un caballero. Aunque tengo que reconocer que sí que hay una cosa de él que me da, no miedo, sino vergüenza, y es que a veces se queda con los ojos clavados en mí, sin apartar esa mirada tan profunda y perturbadora que tiene.

Entonces se da cuenta de que estoy incómoda y de la manera más dulce que sabe me coge de la mano y me dice:

– “Perdona. Es que me gusta disfrutar de lo hermosa que eres y no me doy cuenta del tiempo que llevo mirándote embelesado. No puedo evitar que seas mi escort favorita de todo Madrid”.

Lo que sucede es que es muy travieso y lo acompaña de una imaginación muy viva y desbordante, con lo que cada cita que concertamos es completamente diferente de la anterior. Suele preparar las citas sin darme muchos detalles, como un juego pícaro con el que me invita a zambullirme en sus deseos y fantasías; y yo estoy encantada y divertida, y porque no decirlo, también un poquito excitada, de que cuente conmigo para llevarlas a cabo. Por eso, cuando me llamó esta última vez y fue tan claro en sus instrucciones, acudí sin demora, y con muchas ganas, a comprarlo y con deseos de poder usarlo cuanto antes:

 – “Quiero que nos veamos este fin de semana en el hotel de costumbre. Pero quiero que te presentes con un vibrador de esos pequeñitos metido en tu pequeño y dulce sexo y me entregues el mando a distancia en cuanto llegues”. Tenía el juguete en mis manos y mientras lo observaba, me mordía los labios de deseo, recordando sus palabras y tratando de adivinar cuales serían sus intenciones esta vez. Solo de imaginarlo mi sexo ya transmitía calor pensando en lo que pasaría.

Llegado el día, me encaminé al lugar de nuestra cita y tras confirmar que me esperaba en el hall del hotel, me di cuenta de que no tenía donde parar para hacer lo que me había mandado pues mi idea era hacerlo en el ascensor cuando estuviera subiendo a su habitación. Al comunicárselo, me contestó que no había problema que él mismo se encargaría de ponérmelo cuando llegara. Su respuesta me puso muy mojada, conociéndole es muy capaz de hacerlo en el mismo hall del hotel.

Cuando llegué, salió a mi encuentro y nos besamos de manera dulce y lenta, con mucha calidez, como a ambos nos gusta y me llevó de la cintura hasta el ascensor. En cuanto se cerró la puerta me tendió un sobre con mi nombre y me pidió algo a cambio. Le di el aparato y rápidamente metió su mano bajo mi vestido y empezó a acariciarme mi, como él lo llama, pequeño, bonito y dulce sexo. Como ya estaba bastante húmeda de la excitación previa, le costó muy poco deslizar sus dedos dentro de mí y moverlos para mojarme aún más. Con mucha habilidad deslizó el vibrador dentro y colocó de nuevo el tanga sobre mi empapado sexo. Me besó el cuello y me dijo al oído:

– “Cómo sabes lo que me pone que te presentes así de mojada a nuestras citas. Veamos si conseguimos que excites a alguien más… “- sus palabras, tan llenas de intención consiguieron que me excitara aún más si cabe.

En cuanto salimos del ascensor, comenzó a besarme por el cuello y el escote, arrancándome gemidos de placer y una grata sensación que subía de mi sexo con aquel aparato aún dentro de mí. Y una de las veces, cuando me llevó hasta la pared y me besó con mucha más pasión y fiereza, pulsó el botón de puesta en marcha y un escalofrío me subió por la espalda haciéndome gemir más fuerte todavía. Todavía nos paramos dos o tres veces más a besarnos y cada vez subía más la fuerza al vibrador, con lo cual mis gemidos también subían y con lo que me cuesta contenerme…Os podéis imaginar.

Al final, llegamos a su habitación y entonces apagó el juguete. Abrió la puerta y me cedió el paso mientras me decía:

– “Hoy no voy a ser yo quien provoque tus orgasmos”. Entré en la habitación, intrigada, y él tras de mí.

Allí, esperándonos, había una mujer rubia y alta que al verme exclamó: “Tenías razón. Es muy joven y guapa”, – y empezó a dar vueltas a mi alrededor -“con curvas y con unas piernas perfectas. Justo como a mí me gustan. Dame lo acordado”. Y ante mi temor, desazón, deseo, excitación, curiosidad, inquietud, morbo,….. Y no sé cuántas cosas más, mi amigo le entregó el mando a distancia a la mujer.

PD: Cuando le pregunté por la posibilidad de escribir algo sobre las citas que tengo con él, que siempre me hace reír mucho, este chico incluso me animó a que lo hiciera, y no le importó lo más mínimo que lo nombrara, que para eso es mi JUGUETE.

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