Sexo guarro

Me considero una chica fina, educada, discreta… Por eso me cuesta, a veces, hablar del sexo sin tapujos, sobretodo del sexo salvaje y descontrolado.

Anoche, al llegar a casa después de una excepcional experiencia, estaba tan cansada que no tenía fuerzas para escribir. Pero hoy, al despertar, aun siento las mismas sensaciones que ayer, aun me excita su mirada, su forma de hablar y su seguridad. Me gustan los hombres seguros de sí mismos.

Por la tarde me dediqué a organizar la cita. En el e-mail me indicaba que si quería traer juguetes los llevara. ¡Juguetes! ¡Soy una escort que no tiene juguetes! Así que me fui a un supermercado erótico y me compré un vibrador grande, de esos que también estimulan el clítoris.

Eran las 22.00 de la noche cuando llegaba a su hotel, un 5 estrellas en la milla de oro de Madrid. Subí con seguridad, como si fuera cliente del hotel, llamé a la puerta y me abrió un hombre que bastante se parece al prototipo de hombre que me gusta. Interesante, alrededor de los 50, empresario y elegante.

Elegimos platos del room service para cenar (todo delicioso) y me ofreció vino, una copa y otra y otra… En un momento dado me levanté y le besé. Besa bien, apasionado. Se nota su seguridad; me pregunta lo que me gusta.

  • Que me lleven – le digo. Soy muy sumisa, me gusta sentir que me poseen.

Me siento, y recorre mi piel con sus manos y labios, cuando le intento besar me dice:

  • Estate quieta. Y no me deja besarle. Eso provoca en mí una gran excitación, y siento como cada vez más mis braguitas se van mojando.

Llega el room service. Cenamos mientras mantenemos una agradable conversación sobre vinos, política, prostitución, religión, hipocresía, relaciones… Y con música de fondo.

¡Cuántos placeres al mismo tiempo!: Buena comida, buen vino, y buen sexo.

En un momento determinado nos levantamos y nos volvemos a besar, y esta vez ya no hay nada que nos detenga. A sí, él. El me lleva, como sabe que me gusta, porque también le gusta verme disfrutar. Me da la vuelta, me empotra contra la pared, me besa el cuello, la espalda, noto su aliento en todo mi cuerpo y ya no puedo más. Nos desnudamos, me pongo de rodillas y acaricio su sexo con mi boca. No puedo parar de comérsela, más rápido, más despacio, más adentro… Toco sus testículos como él me indica, le gusta. La expresión de su cara, como la mía, han cambiado por completo. Ya no somos esas dos personas, con estilo que tienen tanta cultura general. Ahora somos dos animales salvajes, experimentando un gran placer. Entregados al placer carnal. Me levanta del suelo, me tira sobre la cama y ahora es él quien lame mi sexo, durante tanto tiempo y de una forma tan excepcional que le tengo que pedir que pare, porque me voy a correr. Y no quiero correrme aún. Me levanto y puedo ver sobre las sábanas un pequeño redondel mojado. Pero no me da vergüenza, estaba tan excitada que he mojado mis braguitas, las sábanas… Se pone un preservativo y me penetra una y otra vez, fuerte, muy fuerte, y con un miembro tan grande que a veces pienso que me va a destrozar. Me pone a 4 patas y me penetra, me embiste también muy fuerte mientras toco mi clítoris y no paro de gritar. No puedo parar de gritar.

Entonces saco el juguete, y me lo introduce en mi interior. Con la máxima vibración y sin lubricante, pues estoy tan mojada que aunque es un vibrador grande entra sin problemas. Y entonces me lo da a mí para que controle como me gusta, y mientras me lo introduzco con una mano y con la otra toco mi clítoris, él se pone encima de mí, para que con mi boca y mi lengua chupe su pene y sus testículos. Estoy tan excitada que me parece al mismo tiempo que  bizarro placentero (o tal vez justamente por eso me parece tan placentero). Y me corro. Me corro tanto que 12 horas después sigo notando esa sensación que tuve mientras me corría. Él también se corre, lo echa por mi cara y mi cuello.

Volvemos a sentarnos en la mesa, bebemos más vino, más conversación… Y ya es hora, me tengo que ir. Pero mientras bebemos recordamos lo bien que lo habíamos pasado momentos atrás, y estamos tan excitados de nuevo que me levanto y busco su boca y su sexo de nuevo pues quiero verle disfrutar una vez más antes de irme. Repetimos un polvo parecido al anterior pues hemos encontrado lo que nos gusta a ambos.

Esa cara que pone cuando se corre, esa cara me encanta. Me encanta ver en su cara el reflejo del morbo, la liviandad y finalmente cuando lo deja ir, el placer.

Ahora sí que me visto, pido un taxi, nos despedimos y me voy.

Son las 2.30 de la mañana. Estoy cansada pero feliz.

Ha sido un placer.

Anuncios

2 thoughts on “Sexo guarro

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s